viernes, 16 de marzo de 2018

RUTA AL PARQUE REGIONAL DE CALBLANQUE




Desde Cabo de Palos, vamos a caminar por una senda minera que sirvió para sacar lo extraído en la Sierra Minera de Cartagena.
Ya fueron los Cartaginenses los primeros en extraer plomo y plata de estas montañas, que más tarde ocuparían los romanos con el mismo fin y que abandonaron a finales del siglo I al considerar que el yacimiento se había agotado.
En el siglo XIX se vuelve a trabajar, con nuevas tecnologías, y a raíz de la Guerra Civil llega la mayor explotación por el sistema de "a cielo abierto". Se abandonan definitivamente  los trabajos en 1990.



Salimos del puerto de Cabo de Palos por la carretera que habría de llevarnos a Cartagena, pero guiados en todo momento por las señales del GR 92, que están pintadas en postes, el suelo, farolas, etc.



Después de callejear un poco por la localidad, nos acercamos al mar, cuya costa ya no abandonaremos en lo que resta de ruta.



Nos estamos acercando a Cala Reona y a sus dunas fósiles de caprichosas formas, que van cambiando con el tiempo por los efectos del mar.




Al otro lado de la playa Cala Reona, intentamos ver el sendero que nos ha de servir para avanzar en nuestro caminar.


Cala Reona


La zona es bastante especial ya que, lo que en principio nos parecen montañas, en muchos casos, son "escombreras", es decir, amontonamientos de los estériles de las minas que allí había.



Vamos cogiendo altura, teniendo a nuestro lado el mar y sus verticales acantilados.



Atrás vamos dejando Cala Reona, el pueblo Cabo de Palos, sus múltiples islotes y su faro.




En dos ocasiones nos encontramos con cuerdas sujetas a la pared, que sirven para tener confianza en la senda que puede causar un poco de temor a las personas con vértigo, o como previsión de resbalones en el suelo muy suelto. Se puede pasar bien sin utilizarlas.






Hay lugares en los que lo mejor es pasar deprisa, pues parece que las piedras van a rodar sobre nosotros en cualquier momento.


 Una delicia es la Cala de los Dentoles, a cuyo lado volvemos a encontrar dunas fosilizadas.



 
Llegamos a un mirador y ante nosotros se extiende un paisaje casi salvaje, en estas fechas, que en su día era la Bahía de Calblanque pero que se fue rellenando y formando la actual llanura donde destacan la Cala Magre, Cala Arturo y la magnífica Playa de Calblanque.



Bajamos al nivel del mar, para pisar tan preciosas playas, y el único ser vivo que encontramos es un pescador que, ni siquiera, vuelve la cabeza cuando llegamos.







Casi con pena, dejamos las playas dispuestos a dar la vuelta, pero antes hemos de visitar las salinas de Calblanque, donde observamos algunas aves y hasta un par de aves zancudas que no identificamos por culpa de la distancia.


Salinas de Calblanque

Una de las balsas presenta un color rojizo que es debido a una mayor concentración de sal.



La vuelta la damos por el mismo camino pero observando detalles que no vimos  al venir.




Ya tenemos a la vista Cala Reona y el pueblo de Cabo de Palos, donde daremos por finalizada esta ruta.


Cala Reona y Cabo de Palos



La ruta en el mapa del IGN

Perfil de la ruta

Han sido 11,7 kilómetros.
Ganancia en altitud 395 / -394 metros.
Pendiente máxima 48,6 / -46,4 %
Pendiente media 4,8 / -5,1 %
Hicimos la ruta el 23 de febrero de 2018.

martes, 13 de marzo de 2018

DE LA MANGA A MAR DE CRISTAL




Comenzamos a caminar en la playa de Puerto Bello, en las inmediaciones de la Plaza Cavanna, que a su vez se encuentra en el kilómetro 3 de la Gran Vía de La Manga.


Isla del Ciervo desde Playa de Puerto Bello




Casi al momento, tenemos que dejar la playa para salir a la carretera, al encontrarnos con la Gola de Marchamalo y el Puerto Bello de La Manga.

Gola de Marchamalo

Una vez dado ese importante rodeo, volvemos a la playa y lo hacemos a la del Vivero que se encuentra muy salvaje y nada cuidada.


Puerto Bello de La Manga

Playa del Vivero

Pasamos al lado de la Urbanización Salinas de Ribenor y entramos en la Playa de los Alemanes, donde se encuentran las salinas que dan nombre a la urbanización.




Nos acercamos para ver las salinas, que ya no se explotan y ya no paran en ellas aves de ninguna clase.



Salinas de Ribenor

De vuelta a la pista principal, llegamos a la playa Paraíso que se encuentra a nuestra derecha, y a la izquierda, una zona de vegetación protegida.



Son plantas que están adaptadas a las altas temperaturas, la escasez de agua y a una gran salinidad, como la SOSA que tiene el tallo muy rojizo por acumulación de la sal.


Sosa (Sarcocornia perenne)


Otra de las plantas es La Estrella de Mar que se desarrolla en terrenos muy arenosos.


Estrella de Mar (Asteriscus maritimus)



Y otra de las que podemos ver es el Junco que crece en grandes matas.


Junco (Juncus Acutus)

Seguimos caminando, viendo la Manga cada vez más alejada y llegamos, sin solución de continuidad a Playa Honda y la urbanización del mismo nombre.


Playa Paraiso


Es una zona muy hermosa y bien cuidada que invita a unas vacaciones paradisiacas.





Vemos un terreno que, de lejos, nos parece una plantación de lavanda por su color, pero al acercarnos vemos que no lo es.



Playa Honda

Al final de la parte urbanizada de Playa Honda, llegamos a un lugar donde un panel nos señala unos yacimientos romanos en la zona, pero es muy poco lo que queda y se conoce como "El Castillico".



Dejamos de ver el mar durante un tiempo, por la alta vegetación que se extiende pegada al mar, hasta que llegamos a la playa del Arsenal e inmediatamente a Punta de Las Lomas.





Vamos a dar por finalizado el recorrido, solo en la ida, después de admirar la Playa de Mar de Cristal, desde donde damos la vuelta por el mismo sitio que hemos venido.



Playa Mar de Cristal


La ruta en el mapa del IGN

Perfil de la ruta

Han sido 12,7 kilómetros de paseo al borde del Mar Menor.
Hicimos la ruta el 19 de febrero de 2018.